lunes, 17 de agosto de 2015

REGISTRO DE LECTURA

Para realizar correctamente el registro de lectura (Bitácora corta), es necesario que seleccione mínimo un texto del siguiente enlace: http://li-te-ra-tu-ra.blogspot.com/2015/02/obras-literarias-clasicas-y-antiguas.html De manera opcional, podrá escoger además mínimo un libro del listado que aparecen en el enlace: http://li-te-ra-tu-ra.blogspot.com/2015/08/los-cien-mejores-libros-de-la.html El avance es individual, puede leer la cantidad de textos que desee según su criterio.


PAUTAS PARA REALIZAR EL REGISTRO DE LECTURA

Registro de lectura: (#)
Título del libro:
Título de la lectura: (Capítulos o páginas leídas)
Nombre del autor: (Escritor)
Tiempo de lectura:
Idea central del texto leído: (Entre 3 y 6 renglones)
Detalles: (Este ítem es opcional, contiene los datos e información que considere le ayudará a recordar sobre el texto leído)

jueves, 13 de agosto de 2015

LISTA DE CIEN LIBROS DE LA LITERATURA OCCIDENTAL

A continuación encontrarán la selección de obras que realizó en 2013 un grupo de expertos en España, durante el I Congreso Internacional "La Biblioteca de Occidente en contexto hispánico", partiendo de la pregunta "¿Qué libros deberán conservarse cuando todos los textos estén accesibles digitalmente?". De esta "misión imposible", como fue llamada, se obtuvo la lista, que aunque no es propiamente un canon, son los 100 libros que se consideró no deberían faltar en estanterías de hogares y bibliotecas. Vea el artículo completo en el siguiente enlace: http://trabalibros.com/noticias/i/17628/52/los-100-mejores-libros-de-la-literatura-occidental


LOS CIEN LIBROS

Biblia
La Odisea (Homero)
Tragedias (Esquilo)
Medea (Eurípides)
Edipo Rey (Sófocles)
Comedias (Aristófanes)
El Banquete (Platón)
La Eneida (Virgilio)
Odas (Horacio)
Las Metamorfosis (Ovidio)
Vidas paralelas (Plutarco)
Diálogos de los dioses (Luciano)
Confesiones (S. Agustín)
Canción de Roldán
Poema del Mio Cid
Milagros de Nuestra Señora (Gonzalo de Berceo)
Los Nibelungos
La Divina Comedia (Dante)
Conde Lucanor (Don Juan Manuel)
Libro del Buen Amor (Arcipreste de Hita)
Vida de Dante (Boccaccio)
Obra poética (Jorge Manrique)
La Celestina (Fernando de Rojas)
Elogio de la locura (Erasmo)
Utopía (Tomás Moro)
Gargantúa y Pantagruel (Rabelais)
Obra poética (Garcilaso de la Vega)
Lazarillo de Tormes
Os Lusíadas (Luís de Camões)
Cántico Espiritual (S. Juan de la Cruz)
Obra poética (Fray Luis de León)
Hamlet (Shakespeare)
Comedias (Lope de Vega)
El Quijote (Cervantes)
Las Soledades (Góngora)
Comedias, autos, loas y entremeses (Calderón de la Barca)
El Buscón (Quevedo)
Oráculo Manual (Gracián)
El paraíso perdido (Milton)
El Avaro (Molière)
Pensamientos (Pascal)
Fedra (Racine)
Robinson Crusoe (Daniel Defoe)
Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift)
Tom Jones (Henry Fielding)
Tristram Shandy (Laurence Sterne)
Baladas líricas (Coleridge)
Poemas (Wordsworth)
Fausto (Goethe)
Orgullo y prejuicio (Jane Austen)
Don Juan (Lord Byron)
Cantos (Leopardi)
Cuentos (Edgar Allan Poe)
Cuentos (Andersen)
Almas muertas (Gógol)
Cumbres borrascosas (Emily Brönte)
David Copperfield (Dickens)
La casa de los siete tejados (Hawthorne)
Moby Dick (Melville)
Hojas de hierba (W. Whitman)
Adam Bede (G. Eliot)
Crimen y castigo (Dostoievski)
Rimas (Bécquer)
Guerra y paz (Tolstoi)
Trafalgar (Pérez Galdós)
Las aventuras de Tom Sawyer (Mark Twain)
Tres cuentos (Flaubert)
El americano (Henry James)
La Regenta (Clarín)
El pato silvestre (Ibsen)
Cuentos (Chéjov)
Prosas profanas (Rubén Darío)
Vagabundos (K. Hamsun)
Relatos de la Guerra Carlista (Valle-Inclán)
Campos de Castilla (A. Machado)
Jean Santeuil (Marcel Proust)
Pigmalión (Bernard Shaw)
El castillo (Kafka)
La montaña mágica (Thomas Mann)
Al faro (Virginia Woolf)
Romancero gitano (García Lorca)
Berlin Alexanderplatz (Alfred Döblin)
Poemas (Pessoa)
Absalón, Absalón (Faulkner)
Finnegan's Wake (James Joyce)
El extranjero (Camus)
La isla sin aurora (Azorín)
Esperando a Godot (Beckett)
El Aleph (Borges)
1984 (George Orwell)
Memorias de Adriano (M. Yourcenar)
El Viejo y el mar (Hemingway)
Vuelo a casa y otros relatos (Ralph Ellison)
Poemas (Paul Celan)
Historia del corazón (Aleixandre)
Pedro Páramo (Juan Rulfo)
Gran Sertón: veredas (J. Guimarães Rosa)
El pobre de Asís (N. Kazantzakis)
Tercera Antología poética (Juan Ramón Jiménez)
El coronel no tiene quien le escriba (García Márquez)

lunes, 10 de agosto de 2015

SOBRE LOS CLÁSICOS - Jorge Luis Borges

Escasas disciplinas habrá de mayor interés que la etimología: ello se debe a las imprevisibles transformaciones del sentido primitivo de las palabras, a lo largo del tiempo. Dadas tales transformaciones, que pueden lindar con lo paradójico, de nada o de muy poco nos servirá para la aclaración de un concepto el origen de una palabra. Saber que cálculo, en latín, quiere decir piedrecita y que los pitagóricos las usaban antes de la invención de los números, no nos permite dominar los arcanos del álgebra; saber que hipócrita es actor, y persona, máscara, no es un instrumento valioso para el estudio de la ética. Parejamente, para fijar lo que hoy entendemos por lo clásico, es inútil que este adjetivo descienda del latín classis, flota, que luego tomaría el sentido del orden. (Recordemos de paso la información análoga de ship-shape.)

¿Qué es, ahora, un libro clásico? Tengo al alcance de la mano las definiciones de Eliot, de Arnold y de Sainte-Beuve, sin duda razonables y luminosas, y me sería grato estar de acuerdo con esos ilustres autores, pero no los consultaré. He cumplido sesenta y tantos años: a mi edad, las coincidencias o novedades importan menos que lo que uno cree verdadero. Me limitaré, pues, a declarar lo que sobre este punto he pensado.

Mi primer estímulo fue una Historia de la literatura china (1901) de Herbert Allen Giles. En su capítulo segundo leí que uno de los cinco textos canónicos que Confucio editó es el Libro de los Cambios o I King, hecho de 64 hexagramas, que agotan las posibles combinaciones de seis líneas partidas o enteras. Uno de los esquemas, por ejemplo, consta de dos líneas enteras, de una partida y de tres enteras, verticalmente dispuestas. Un emperador prehistórico los habría descubierto en la caparazón de una de las tortugas sagradas. Leibniz creyó ver en los hexagramas un sistema binario de numeración; otros, una filosofía enigmática; otros, como Wilhelm, un instrumento para la adivinación del futuro, ya que las 64 figuras corresponden a las 64 fases de cualquier empresa o proceso; otros, un vocabulario de cierta tribu; otros, un calendario. Recuerdo que Xul-Solar solía reconstruir ese texto con palillos y fósforos. Para los extranjeros, elLibro de los Cambios corre el albur de parecer una mera chinoiserie; pero generaciones milenarias de hombres muy cultos lo han leído y referido con devoción y seguirán leyéndolo. Confucio declaró a sus discípulos que si el destino le otorgara cien años más de vida, consagraría la mitad a su estudio y al de los comentarios o alas.

Deliberadamente he elegido un ejemplo extremo, una lectura que reclama un acto de fe. Llego, ahora, a mi tesis. Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término. Previsiblemente, esas decisiones varían. Para los alemanes y austríacos el Fausto es una obra genial; para otros, una de las más famosas formas del tedio, como el segundo Paraíso de MIlton o la obra de Rabelais. Libros como el de Job, la Divina ComediaMacbeth (y, para mí, algunas de las sagas del Norte) prometen una larga inmortalidad, pero nada sabemos del porvenir, salvo que diferirá del presente. Una preferencia bien puede ser una superstición.

No tengo vocación de iconoclasta. Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos autores; ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero. Así, mi desconocimiento de las letras malayas o húngaras es total, pero estoy seguro de que si el tiempo me deparara la ocasión de su estudio, encontraría en ellas todos los alimentos que requiere el espíritu. Además de las barreras lingüísticas intervienen las políticas o geográficas. Burns es un clásico en Escocia; al sur del Tweed interesa menos que Dunbar o Stevenson. La gloria de un poeta depende, en suma, de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a aprueba, en la soledad de sus bibliotecas.

Las emociones que la literatura suscita son quizá eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de un modo levísimo, para no perder su virtud. Se gastan a medida que los reconoce el lector. De ahí el peligro de afirmar que existen obras clásicas y que lo serán para siempre.

Cada cual descree de su arte y de sus artificios. Yo, que me he resignado a poner en duda la indefinida perduración de Voltaire o de Shakespeare, creo (esta tarde uno de los últimos días de 1965) en la de Schopenhauer y en la de Berkeley.

Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.

FIN

sábado, 1 de agosto de 2015

OBRAS LITERARIAS CLÁSICAS Y ANTIGUAS RECOMENDADAS

Obra
Autor
El libro egipcio de los muertos
Anónimo
Los cuentos de Sinuhé
Anónimo
Gilgamesh
Anónimo
Libros del antiguo testamento
Varios
El escudo de Heracles
Hesíodo
La ilíada
Homero
La odisea
Homero
El ramayana
Valmiki
Dafnis y Cloe
Longo
Las mil y una noches
Anónimo
Calila y Dimna
Baidabá
La Eneida
Virgilio
El asno de oro
Apuleyo
Cantar de los nibelungos
Anónimo
La divina comedia
Dante Alighieri